
Por Carlos Orellana García, Business Development Manager en Tieto
Los pagos se han convertido en uno de los principales vectores de transformación del sector financiero. Los pagos instantáneos, la regulación europea, ISO 20022 y las nuevas expectativas de clientes y empresas obligan a los bancos a replantearse la infraestructura que sustenta una de sus funciones más críticas. La cuestión ya no es si modernizar, sino cómo hacerlo reduciendo riesgos y generando valor desde las primeras fases, sin perder capacidad de competir frente a fintechs, neobancos y grandes plataformas tecnológicas.
El Reglamento (UE) 2024/886 obliga a los proveedores de servicios de pago de la zona euro a enviar y recibir transferencias instantáneas, con costes equiparables a los de las transferencias tradicionales. Además, refuerza la verificación del beneficiario y los controles de sanciones, que deben operar prácticamente en tiempo real. A la vez, ISO 20022 aporta datos más ricos y estructurados que favorecen el procesamiento automático de extremo a extremo, la trazabilidad y la conciliación. PSD3 y el nuevo Reglamento de Servicios de Pago (PSR) reforzarán previsiblemente la resiliencia operativa, la protección del usuario y la interoperabilidad.
El mercado, por su parte, reclama disponibilidad 24x7x365, confirmación en segundos, trazabilidad completa y apertura mediante APIs. Muchas entidades responden con sistemas concebidos para entornos batch, con ventanas operativas limitadas y compensación diferida.
Durante décadas, los sistemas heredados han garantizado la estabilidad de la operativa bancaria. Pero su arquitectura monolítica resulta cada vez más costosa y arriesgada en un entorno instantáneo. La acumulación de cambios regulatorios e integraciones genera deuda tecnológica, dependencia de conocimiento especializado y ciclos de cambio más largos. Esa deuda dificulta la conexión con infraestructuras como SEPA Instant Credit Transfer, TIPS o RT1, limita la observabilidad y reduce la agilidad ante nuevas amenazas de fraude o picos de demanda. Además, cada recurso que sostiene infraestructuras obsoletas deja de invertirse en el cliente.
Modernizar los pagos no es sustituir una plataforma por otra, sino transformar capacidades: procesamiento en tiempo real, disponibilidad continua, resiliencia, automatización de excepciones y cumplimiento integrado en el flujo transaccional. Las arquitecturas modernas, con componentes desacoplados, APIs normalizadas, microservicios y modelos cloud-native o híbridos, acortan el lanzamiento de productos. También facilitan la conexión con motores de fraude, screening de sanciones y conciliación en tiempo real.
No hay atajos, porque cada entidad parte de una situación distinta. Una modernización eficaz exige evaluar la plataforma actual, los mapas de integración, los volúmenes, los riesgos operativos y la capacidad de la organización para absorber el cambio. Unas entidades encapsularán capacidades heredadas mediante APIs. Otras desplegarán una plataforma paralela para los flujos instantáneos, y otras transformarán en profundidad su hub de pagos. En todos los casos, los enfoques híbridos permiten avanzar de forma progresiva, sin comprometer la continuidad.
La modernización es también condición para aprovechar los datos y la inteligencia artificial. Los pagos contienen información valiosa sobre comportamiento, liquidez y fraude que, en plataformas heredadas, suele estar fragmentada o llegar con retraso. La IA puede aportar valor en casos concretos, como la detección de fraude en tiempo real, la reducción de falsos positivos o la automatización de reclamaciones. Para ello necesita datos consistentes, eventos en tiempo real y controles sólidos de seguridad, privacidad y explicabilidad.
La experiencia en proyectos con entidades financieras sugiere que las mejor preparadas entienden la modernización como una evolución continua, no como un proyecto puntual. Reducir la dependencia de sistemas heredados y gestionar la deuda tecnológica permite innovar con más rapidez y cumplir nuevas obligaciones. La inmediatez, la resiliencia y la calidad del dato se están convirtiendo en requisitos básicos. Por eso, el reto de los bancos es transformar sin comprometer la estabilidad, y la oportunidad es hacer de cada pago una fuente de eficiencia, confianza e información.






